miércoles, 16 de noviembre de 2022

Manejo de situaciones problemáticas

La convivencia con enfermos de Alzheimer puede resultar difícil por lo que es necesario aprender a manejar las distintas situaciones problemáticas que pueden llegar a ocurrir. Es muy importante desarrollar un gran nivel de empatía ya que las circunstancias por las que pasan los enfermos son causadas por la enfermedad y no por las propias personas.
Entre las distintas situaciones problemáticas podemos destacar las siguientes:

  • Preguntas reiterativas
Cuando un enfermo de Alzheimer nos hace la misma pregunta no debemos perder la paciencia ya que para ellos es la primera vez que nos la hacen ya que no se acuerdan. Debemos fomentar al enfermo a preguntarnos las dudas que tenga las veces que sea necesario ya que es una forma de estimular el lenguaje y la comunicación, además debemos intentar que sean ellos mismos quien se contesten.
La mayoría de sus preguntas están relacionadas con el espacio-tiempo porque lo que debemos facilitarles la situación colocando objetos como relojes, calendarios… en su entorno. 
Es necesario crear rutinas para este tipo de enfermos ya que así es más fácil para ellos recordar lo que hay que hacer en ese momento. 

  • Conductas repetitivas
Los enfermos de Alzheimer tienden a repetir la misma actividad continuamente por lo que podemos utilizar esta situación para que realicen actividades útiles para su progreso como doblar servilletas de papel o bolsas de plástico, en el momento que se cumplan estas actividades reforzaremos su conducta positivamente agradeciéndole y haciéndole saber que nos ha sido de gran ayuda. 
En estadios muy avanzados llega a ser continuo el vagabundeo por lo que no podemos hacer nada así que es mejor permitir esta expresión y debemos ser nosotros mismos quien busquemos formas de ignorar esta conducta. 
  • Agresividad

Una de las consecuencias de la enfermedad es la agresividad, es necesario conocer la causa de dicha acción por lo que debemos preguntarnos en qué situación estaba el enfermo para llegar a eso. 

Cuando esto ocurra debemos ponernos lo menos tensos posibles, comunicarnos en un tono tranquilo, evitando gestos bruscos y gritos, llamándolo por su nombre y recordando quienes somos y qué estamos haciendo allí. Si vemos que esta situación nos sobrepasa tenemos que pedir ayuda y si es necesario sujetar al enfermo con cuidado y evitando forcejeos. 

Podemos llamar su atención con otras actividades que lo tranquilicen, y debemos aprender a prevenir estas situaciones en el momento que lo comencemos a notar tenso, con los ojos sobresaltados…

Es muy importante saber que nunca se puede responder con agresividad física ni verbal, ya que empeoraría la situación. 

  • Alucinaciones y delirios

En estas situaciones el enfermo de Alzheimer cree estar viviendo una situación completamente real por lo no debemos llevarle la contrario o intentar demostrarle que no es verdad

Debemos evitar frases como “Tranquilo que no va a pasar nada”, “Todo está bien”, ya que para ellos sí que está pasando algo y tienen derecho a mostrarse intranquilos. En esos momentos solo debemos transmitir seguridad con una conducta tranquila y nunca dejarlos solos, puede ser de gran ayuda el contacto físico (abrazos, caricias…) ya que a algunas personas les tranquiliza.  

Debemos sentarnos a su lado y preguntarles qué les ocurre, escucharlos con detenimiento y en el momento que nos cuenten qué les ocurre debemos intentar desviar su atención a estímulos totalmente reales. 

  • Oposicionismo

En el momento que un enfermo de Alzheimer se niegue a realizar una acción debemos permitir conductas alternativas o una elección de su agrado, como por ejemplo la elección de la ropa. 

Si no conseguimos que el enfermo haga dicha acción los dejaremos un tiempo y lo volveremos a intentar más tarde. Debemos entender que realicen las actividades de manera más lenta por lo que no debemos perder la paciencia. 

No debemos plantearle las acciones como si fueran niños ya que son personas adultas, y deben ser lo más parecidas posible a las que tenían antes de comenzar con la enfermedad. 

Para que esto no ocurra debemos hacerles sentirse útiles pidiéndoles que nos ayuden en la realización de tareas del día a día y felicitándolos cuando se esfuercen por realizar dicha tarea. 

A medida que avanza la enfermedad se vuelve más difícil realizar las tareas encomendadas por lo que debemos ser flexibles y aceptar que cada vez les cueste más.



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