- Preguntas reiterativas
- Conductas repetitivas
En estadios muy avanzados llega a ser continuo el vagabundeo por lo que no podemos hacer nada así que es mejor permitir esta expresión y debemos ser nosotros mismos quien busquemos formas de ignorar esta conducta.
- Agresividad
Una de las consecuencias de la enfermedad es la agresividad, es necesario conocer la causa de dicha acción por lo que debemos preguntarnos en qué situación estaba el enfermo para llegar a eso.
Cuando esto ocurra debemos ponernos lo menos tensos posibles, comunicarnos en un tono tranquilo, evitando gestos bruscos y gritos, llamándolo por su nombre y recordando quienes somos y qué estamos haciendo allí. Si vemos que esta situación nos sobrepasa tenemos que pedir ayuda y si es necesario sujetar al enfermo con cuidado y evitando forcejeos.
Podemos llamar su atención con otras actividades que lo tranquilicen, y debemos aprender a prevenir estas situaciones en el momento que lo comencemos a notar tenso, con los ojos sobresaltados…
Es muy importante saber que nunca se puede responder con agresividad física ni verbal, ya que empeoraría la situación.
- Alucinaciones y delirios
En estas situaciones el enfermo de Alzheimer cree estar viviendo una situación completamente real por lo no debemos llevarle la contrario o intentar demostrarle que no es verdad.
Debemos evitar frases como “Tranquilo que no va a pasar nada”, “Todo está bien”, ya que para ellos sí que está pasando algo y tienen derecho a mostrarse intranquilos. En esos momentos solo debemos transmitir seguridad con una conducta tranquila y nunca dejarlos solos, puede ser de gran ayuda el contacto físico (abrazos, caricias…) ya que a algunas personas les tranquiliza.
Debemos sentarnos a su lado y preguntarles qué les ocurre, escucharlos con detenimiento y en el momento que nos cuenten qué les ocurre debemos intentar desviar su atención a estímulos totalmente reales.
- Oposicionismo
En el momento que un enfermo de Alzheimer se niegue a realizar una acción debemos permitir conductas alternativas o una elección de su agrado, como por ejemplo la elección de la ropa.
Si no conseguimos que el enfermo haga dicha acción los dejaremos un tiempo y lo volveremos a intentar más tarde. Debemos entender que realicen las actividades de manera más lenta por lo que no debemos perder la paciencia.
No debemos plantearle las acciones como si fueran niños ya que son personas adultas, y deben ser lo más parecidas posible a las que tenían antes de comenzar con la enfermedad.
Para que esto no ocurra debemos hacerles sentirse útiles pidiéndoles que nos ayuden en la realización de tareas del día a día y felicitándolos cuando se esfuercen por realizar dicha tarea.
A medida que avanza la enfermedad se vuelve más difícil realizar las tareas encomendadas por lo que debemos ser flexibles y aceptar que cada vez les cueste más.

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