Actualmente, como ya se
ha comentado en el blog, el Alzheimer es una enfermedad que carece de cura. Por
lo que, los fármacos se enfocan principalmente en la biología de la enfermedad,
así como en los síntomas, intentando minimizarlos todo lo posible.
En primer lugar, vamos a tratar los fármacos que cambian el progreso de la enfermedad con beneficios para la cognición. El ejemplo más representativo de este tipo de fármacos es el Aducanumab (Aduhelm™), que consiste en la primera terapia que demuestra que al retirar amiloide (signo característico del Alzheimer) del cerebro se retrasa el degradamiento cognitivo y funcional en las etapas tempranas de la enfermedad. Pero es importante tener en cuenta que no hay información certera sobre la eficacia del tratamiento en ninguna de las etapas, sino que algunas de las personas que participaron en el estudio de esta enfermedad vieron reducidos sus síntomas relacionados con la memoria, la orientación o las tareas domesticas.
En segundo lugar, tenemos lo fármacos que minimizan o
estabilizan los síntomas de forma limitada sin detener el daño causado por el
Alzheimer.
- Inhibidores de Cholinesterase: encargados de regular la memoria, pensamiento, lenguaje… mediante el impedimento de la ruptura acetylcholine, un mensajero químico relacionado en estos procesos. Hay varios tipos, Donepezil (Aricept®), Rivastigmine (Exelon®) y Galantamine (Razadyne®).
-
Reguladores
de Glutamate: estos fármacos se utilizan para unos síntomas iguales o similares
a los de los anteriores fármacos y se diferencian en que regulan la actividad de
otro mensajero químico, el glutamato. Un ejemplo es el Memantine (Namenda®).
-
El inhibidor
cholinesterase y el regulador de glutamate: que también tratan la actividad del
glutamato. Un ejemplo es el Donepezil y memantine (Namzaric®).
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La
antagonista receptor de Orexin: que inhibe la actividad de la orexina, tratando
el insomnio.
Fuente: https://www.alz.org/alzheimer-demencia/tratamientos/farmacos-para-la-memoria

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