Cuidar
de una persona que tiene Alzheimer es una tarea muy difícil que puede acabar
con la salud del propio cuidador, de hecho, Muchas veces éstos se centran tanto
en la persona enferma que dejan de pensar en sí mismos, provocando que su
bienestar y su día a día sufra numerosas alteraciones.
En
primer lugar, las alteraciones físicas son las más evidentes. Se puede decir
con certeza que los miembros de la familia encargados del cuidado de la persona
con Alzheimer va a tener peor salud que los que no se encargan de ella. Entre
los problemas que pueden desarrollar podemos encontrar: problemas de espalda,
cabeza, insomnio… Pero algo a destacar entre ellas es que acuden en igual o
incluso en menor medida al médico por creerlo innecesario o, incluso, por
considerar normales todas estas alteraciones.
Además,
los cuidadores también suelen sufrir alteraciones psíquicas como ansiedad,
estrés o depresión. U otras menos graves como cambios en su forma de ser debido
a que dejan de lado hábitos que les hacían felices como pasar tiempo con sus
amigos o salir a hacer deporte. De ahí las últimas alteraciones, las que tienen
que ver con las relaciones personales.
Por
lo que, como conclusión, en los grupos de ayuda, en los gabinetes de psicología
o en las propias consultas cuando se le da la noticia a la familia de que su
familiar padece Alzheimer, es necesario hacer hincapié en que no se debe dejar
de lado la vida propia por la vida del paciente. El cuidador debe entender que
la mejor forma en la que puede cuidar a su familiar es estando en sus plenas
facultades, tanto físicas como psíquicas. De nada vale estar todo el día por y
para la persona si, a causa de ello, se acaba cuidando mal a la persona enferma
por haber perdido salud propia.
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