En esta etapa el cuidador asume la enfermedad y se adapta poniendo en marcha distintas actividades para convivir con ella.
Esta etapa es la más complicada ya que el enfermo comienza a tener mayor número de despistes y cada vez es más vulnerable, por lo que la familia tiene que planificar cómo satisfacer estas necesidades para que el enfermo continúe con su vida habitual. El empeoramiento del enfermo conlleva el empeoramiento de los familiares que lo cuidan por lo que estos deben cuidarse y buscar ayuda en los recursos asistenciales, públicos y privados.
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